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Mónica Antonópulos a Gentében

2008.08.30

“De diva no tengo nada… me parece algo muy arcaico”

 

A los 26 años asumió su primer protagónico televisivo nada menos que con Facundo Arana en Vidas robadas. De novia con Coraje Abalos –actor, primo de Antonio y Aíto de la Rúa–, la chica de San Justo se diferencia por su belleza, pero también por su inteligencia y humor. “Cuando veo las fotos de mis desnudos, lo único que pienso es que debo retomar el gimnasio”, dice entre risas.

Tiene un apellido complicado. Cuando uno menos lo imagina, la última “o” y la última “u” juegan a cambiar de lugar según la boca que lo pronuncie, y hacen vivir una mala pasada. “Encima, no sé si está bien inscripto… porque en realidad la gran mayoría de los apellidos griegos terminan en ‘poulos’. Pero ya estoy acostumbrada a que digan el apellido de mil maneras”, explica Mónica Antonópulos (26; perfectos 90-60-90). La morocha (bah, en verdad castaña) de San Justo comenzó su carrera como modelo.

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La publicidad “El que sabe, sabe”Son de Fierro, La ley del amor, El ojo cítrico y Acoso textual –como panelista–, y hasta tuvo una breve performance teatral con la obra Extraña pareja. Convencida entonces de su vocación artística, tomó la gran decisión de su vida: dejó la Facultad de Ciencias Económicas, renunció a su trabajo como administrativa en una empresa de fabricación de lavarropas y se jugó todo por su sueño: el protagónico, que llegó de la mano de Vidas robadas en Telefe.

–Y un día llegó la fama. ¿Era lo que imaginabas?
–Nunca esperé algo. Si la fama es la retribución de la gente a mi trabajo, entonces estoy más que satisfecha. El público que se acerca lo hace con cariño y respeto. Cuando voy por la calle la gente me llama Ana (nombre de su personaje en la novela)… Eso es súper extraño, pero dulce.

–¿Tus amigos y tu familia ya salieron de la sorpresa de verte en la tele?
–Sí, más o menos. Cuando están conmigo se contienen, pero me siguen mimando cada vez que comentan en la cena las partes de la novela que les gustaron. Cuando ven escenas complicadas me felicitan. Incluso, cada vez que voy a visitarlos, intentan extorsionarme para que les adelante algo de la trama.

–Igual, se les debe escapar un “ahí esta la nena”
–¡Obvio! Cuando están con sus amigos les agarra eso de padres orgullosos (su papá, Pedro, ex taxista y carnicero; mamá Lucy, peluquera). Pero conmigo se cuidan. A ellos les fascina la mística de la televisión…

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–¿Vos te ves en la tele?

–Sí, me veo desde la técnica. Soy muy autocrítica. Ojo, tampoco tengo una actitud destructiva que me deje hecha un trapo. Intento corregir lo que no me salió bien y seguir haciendo las cosas que veo que resultan. Lo que te da la tira es la posibilidad de descubrir los defectos. Es una posibilidad que no tienen todos.

–¿Te acordás de tu primer autógrafo?
–¡Sí! Estaba trabajando en El ojo cítrico. Salía del teatro Nacional, de ver Víctor-Victoria, y se acercó un chico diciéndome: “Mónica Antonópulos. ¿Me podés dar un autógrafo?”. Me reí, porque pensé que era una joda de un amigo. Miraba a los costados pensando quién era el desgraciado que me lo había mandado. Tengo la imagen patente del momento en que al chico le pregunté: “¿De verdad sabés quién soy?”. Fue increíble… Le dejé una dedicatoria enorme.


–¿Y pronunció bien tu apellido?
(Risas) Siií… ¿No es increíble? Yo lo abrazaba, lo saludaba.

–Mirá que además de seguidores también hay críticos duros…
–Lo sé… Pero, por suerte, las críticas son positivas en su mayoría. La medida de mi trabajo es la gente, y si les gusta lo que hago debe ser porque lo hago bien. Yo elijo a quién prestarle atención. Mientras no sea un comentario destructivo o personal, siempre hay que escuchar. No le hago caso a la gente que me quiere sacar energía.

–¿Coleccionás las revistas que hablan de vos?
–No, ésa es mi vieja… Ella y papá tienen todo. A mí me agarró cuando empezó el programa, pero después dejé, porque soy medio colgada.

–Y cuando termine Vidas robadas, ¿qué sigue en tu carrera?
–Todavía no tengo nada concreto. Ahora toda mi energía está puesta en la novela y en disfrutar del elenco que me acompaña. El balance es súper positivo.

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–¿Te ves con un Martín Fierro en la mano?
–No es algo que me ponga a pensar. Lo más importante es el ahora, lo que estoy viviendo, esta experiencia.

–¿El cine es una materia pendiente?
–Sí, es algo distinto que me gustaría experimentar.

–¿Estás cómoda en el medio?
–La exposición es una cosa difícil de manejar. El medio no es cruel, pero te hace las cosas difíciles. Siempre cuesta entrar a un lugar, y yo me gané mi espacio.

–¿Todavía te sentís sapo de otro pozo en los eventos?
–Y… si puedo evitarlos, lo hago. Además, el ritmo de trabajo que tengo no me lo permite. Entre ir a un evento o irme a mi casa, siempre elijo mi casa.

–¿Tenés algo de diva? ¿Un perro mini, por ejemplo?
–Espero no tener nada de diva, porque me parece algo arcaico. Además, el único animal que tengo es una gata que adopté, y que sólo sale de su escondite para comer. Hace cinco meses que la tengo, y nada. Vivo con el enemigo en casa. Se llama Pequeña Bibi…

–Ahora ya sabés por qué se esconde el animal…
–¡Todos me dicen lo mismo! El nombre lo elegí por un motivo noble… Es el personaje que interpreta la hija de Uma Thurman en la película Kill Bill. Listo, entendí… La gata se vengó.

–¿Alguna vez te buscaste en Internet?
–Sí, cuando empecé. Igual, soy anti-Internet. Hace poco me compré una compu porque la que tenía era de principios de los 90’ y la había comprado mi papá. Lo único que hago es chequear mails.

–Te aviso que si te llegás a buscar abundan tus desnudos…
–Y… sí. Ni yo me animo a entrar.

–¿Te molesta verte?
–No. Lo único que pienso cuando me veo en las fotos es en que tengo que volver al gimnasio.

–¿Quedó algún rezagado que te recuerde por los desnudos?
–No, jamás me pasó de generar una cosa loca en la calle (risas). Alguno debe decir: “Esta es la del lunar en el pecho izquierdo”. Pero el resultado fue positivo.

–¿Y tu novio, Coraje Avalos, no te cela?
–Los celos están de los dos lados, porque él es un bombón. Creo que somos celosos porque nos queremos y gustamos.

–¿Alguna vez le hiciste una escena escandalosa?
–Nooo… Tengo mis límites.

–¿Ya se animaron a la convivencia?
–No todavía. Preferimos seguir compartiendo nuestras noches entre Monserrat y Saavedra.

–¿Cambia en algo que él sea 10 años mayor?
–Sólo cambia la fecha en el documento. La experiencia y madurez que tenemos los dos no es algo que te dé la edad.

(gente.com.ar)