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Mónica interjú - Gente

2008.04.26

 

"El mundo frívolo no me va: ya no quiero provocar"

Nació en San Justo y se instaló en la city para buscar suerte como modelo: mal no le fue ya que llegó a ser tapa de Playboy. Después se propuso ser actriz y no tardó en conseguirlo: hoy enamora a Facundo Arana en Vidas robadas, novela de Telefe. Con 26 años y de novia con Coraje Avalos, dice que fantasea con sacarse las lolas que se agregó hace siete años y que no volvería a desnudarse frente a cámaras. Una lástima...

Antonópulos trae sangre griega, curvas latinas y actitud cien por ciento argentina. Pertenece, dice, a la nueva generación de mujeres que luchan por lo que quieren hasta conseguirlo. Lo primero de todo, recuerda Mónica, fue un trabajo de modelo. Nacida en San Justo y criada en Mataderos, llegó a la city porteña en busca de su primer sueño: al mes estaba haciendo una publicidad de cremas para Colombia y, años más tarde, hasta posó desnuda para la tapa de la revista Playboy. "No me arrepiento, pero hoy no lo volvería a hacer", dirá durante la nota, como para espantar ratones ajenos.

Por estos días anda besándose ante cámaras con Facundo Arana, el papito más sexy de la tele. Pero eso no es todo: éste es el primer protagónico para Mónica Antonópulos, quien carga con el papel de heroína en Vidas robadas, la nueva novela de Telefe.

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Todavía no puede creer el estar ahí, confía. Pero, asegura, nada fue por casualidad. Hija de Pedro (carnicero) y Lucy (cosmiatra), se puso a estudiar Economía para darles el gusto del título. Entonces se cruzó con Gastón Portal y todo cambió: hizo una prueba de cámaras y terminó interpretando a “una chusma de barrio” para El ojo cítrico. La tele, supo, era lo suyo. Y nunca más paró. Se animó a actuar en Sin código, a integrar el panel de Acoso textual, volvió a la ficción en Son de Fierro y La ley del amor, hizo Extraña pareja en teatro (con Carlos Calvo y Pablo Rago) y hasta grabó el videoclip Crimen, de Gustavo Cerati.

Ahora, mientras posa para la lente, insiste en que todo le parece un sueño.

– ¿Por qué te sorprende tanto? ¿Acaso no estabas acostumbrada a tener lo que querías?

– Una cosa son los sueños, los anhelos, y otra que tus fantasías se concreten. Esta novela, mi personaje de Ana Monserrat, trabajar con Arana y Soledad Silveyra, superó todas mis expectativas. A esta altura de mi carrera yo me conformaba con tener una continuidad laboral, que no es poco hoy en día. Pero apareció este protagónico, con esta gran producción, y tengo una sensación de felicidad muy placentera. No todos tienen nuevas oportunidades tan importantes en este trabajo. Por eso quiero dar lo mejor de mí. Me lo estoy tomando con mucha responsabilidad.

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– ¿Te cohibiste el día que te tocó besar a Facundo?

– No. Aunque no lo conocía, él enseguida me dio una gran seguridad como compañero y me ayudó a relajarme ante cada escena que tenía que hacer. Tanto él como el resto del elenco son buenos actores y mejores personas. Me ayudan y contienen mucho después de cada escena. Hoy siento que saqué una gran beca. Ya soy una actriz medianamente conocida.

– En la novela hacés de mamá. Facundo está por ser padre. ¿No te dan ganas de tener un hijo?

– Hace un año y medio que estoy en pareja con Coraje Avalos, y por ahora estamos probando con la convivencia. El viene a mi casa de Saavedra y a veces yo me instalo en la suya, que queda en Monserrat. Y con mi novio hablamos del tema de ser padres, pero decidimos esperar. Las cosas que pasan en todos lados son espantosas. Por ahora no quiero traer un hijo a este mundo. Me gustaría ser madre, sí, tengo esa fantasía, pero también tengo mucho miedo. Hoy lo siento como una responsabilidad muy grande.

– ¿También hablan de casamiento?

– No. De eso no hablamos porque soy atea. No creo en la Iglesia ni en el matrimonio. Sólo confío en las cosas científicamente comprobables. Hoy cada uno tiene su casa, pero igual pasamos casi todas las noches juntos. El amor no depende de libretas ni bendiciones.

– ¿No te da vértigo que tus prioridades pasen sólo por el trabajo?

– No es así. Hoy mi pareja es mucho más importante que cualquier trabajo o que un punto más de rating. Es y será así, aunque la mayor carga horaria de mis días esté en el laburo. Hoy mi viejo me ve más por tele que en persona, y hasta está celoso de Jorge Marrale, que hace el papel de mi viejo en la ficción. ¿Podés creer que me pregunta a cuál de los dos amo más…? (carcajadas).

– Siendo tan celoso, lo que no puedo creer es que te haya dejado desnudarte para Playboy.

– Imagináte que ni le avisé. Se enteró por la tele. Y, a decir verdad, mucho no le gustó. No lo entendió. Yo quedé muy conforme con ese trabajo, pero si hoy me lo volvieran a ofrecer, diría que no. Hoy por hoy no haría fotos desnuda otra vez, porque eso ya no me genera un nuevo desafío.

– Muchos elogian tu cuerpo. ¿Cómo lo cuidás...?

– Me alimento bien, aunque hago mucho delivery; no como sólo lechuga. Lo ideal es hacer un mix entre comida sana y no comer hasta llenarse. Cuando tengo tiempo hago yoga Ashtanga, porque me hace bien a la mente y al cuerpo. Me aburre ir a un gimnasio. Además, me encanta disfrutar de no hacer nada y estar tirada en un sillón tomando mate.

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– ¿Cirugías...?

– Sí, me hice las lolas a los 21 años, porque creía que me iban a dar más seguridad. Hoy me las sacaría. Si no me opero es porque me da miedo. Pero ya no me molestaría encarar la profesión con menos lolas. Además, por suerte, no estoy pendiente de mis medidas ni soy obsesiva con mi imagen.

– Empezaste como modelo y te convertiste en actriz. ¿Cómo te relacionás con el mundo fashion y el de la farándula?

– No me siento parte de esos mundos. No me interesan los escándalos ni que me saquen fotos de vidriera. Soy de las que hacen su trabajo y se van. Evito la exposición. El mundo frívolo no me va: ya no quiero provocar. No tengo amigas modelos y les escapo a los eventos. Quedarme en la cama mirando una película clásica es mi mejor plan: Ingmar Bergman, David Lynch o Stanley Kubrick.

– Puede sonar ratonero imaginarse a una chica de barrio mirando películas clásicas en la cama...

– (Se ríe) Soy una chica de barrio común y corriente, no tengo vueltas. No me va andar haciéndome la seductora por la vida. Además, estoy enamorada de un hombre maravilloso y trabajo de lo que siempre soñé. No necesito nada más.

(fuente: Gente)