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Ahora entiendo lo que es una bendición

2008.03.26

 

Las confesiones de Facundo Arana a punto de ser padre

 

Anteojos oscuros, cap verde militar como sus pantalones y cazadora. Así, llega Facundo Arana (35) a la entrevista que transcurre en un bar de Palermo. Primero se quita los lentes, después la cap y por último la chaqueta. La musculosa blanca acusa hombros bien torneados, bíceps esculpidos y abdominales perfectos. Más delgado, pero mucho más musculoso, admite: “Bajé tres kilos”. Luego contará que “el Tano” (el preparador del gimnasio), “y no le digamos personal trainer, por favor”, es el responsable de los resultados que están a la vista. Entrenamiento y alimentación a base de pescado, carne y pollo, “que como verás no me impide clavarme un tostado”, dice mientras devora el generoso sándwich de jamón y queso.

Este Adonis rubio, uno de los galanes más codiciados de la televisión, el bueno por excelencia transitará por el entusiasmo cuando le toque hablar de Bautista, el personaje que encarna en “Vidas Robadas”, por el orgullo y el agradecimiento cuando de sus mayores se trate; mezquinará su intimidad, se emocionará con su paternidad y se transformará en una furia rubia cuando hable del celo con que defenderá a su cría, esa niña que dará a luz María Susini (31), en mayo, y lo hará padre por primera vez.

Detallista, cambia de mesa por otra que está ubicada en el balcón donde la música reggae del lugar llega con menor intensidad. Caballero, se ocupará de mudar hasta la cartera de la dama. El primer tema, la tira que protagoniza en el horario de las 22:00, por Telefe.

—¿Le costó retomar el ritmo después de un año sin hacer una tira?

—No. Si bien son muchas horas, es necesario para contar una historia potente y bien diagramada. Lo menos contundente es la historia de amor, porque está tan magistralmente escrita la parte policial y de contenido que la historia de amor se va armando en función de eso. Aquí la protagonista es la historia. Están el héroe, la heroína, el villano, pero es una historia coral. Está pasado de moda el vamos a ver solamente cómo hacen estas dos personas para estar juntas, y todo el resto es cebar. Mirá “Sos mi vida”, “Padre coraje”, “099 Central”. Se contaba la historia de amor, pero había un sinfín de otras historias.

—¿En qué momento se adueñó de Bautista, su personaje?

—En el momento que empezamos a escalar en Bariloche para ir a buscar las tomas de la cumbre.

—¿Esas escenas fueron escritas especialmente para usted? (Arana practica deportes extremos. El 29 de marzo de 2003 festejó su cumpleaños número 31 en la cumbre del Aconcagua)

—Sí, pero fijate que es una gran posibilidad, porque teniendo en cuenta que la tira se puede llegar a vender en muchos países, en todo el mundo se podrá ver una novela con imágenes de la Patagonia argentina, y eso me copa. Pasó lo mismo con “Yago”, y a mí me enloquece, ¿entendés? En Misiones hubo cantidad de gente que venía a las Cataratas del Iguazú, porque eran los pagos de “Yago”. Amo profundamente nuestra Argentina, y tener la posibilidad de mostrarla contando historias, como yo hago, es maravilloso.

—¿Fue complicado, no para usted que está acostumbrado, sino para el resto del equipo subir hasta el puntón?

—Nunca terminaré de agradecerles al “Indio” Iribas, a Daniel Amaya, a Santiago Barasi y a todas las personas del destacamento de montaña que nos ayudaron hasta en sus días francos. Todo el equipo fue hasta allí arriba, en el Frey y, de verdad, hicieron un trabajo genial. El esfuerzo fue enorme pero se pudo hacer. Con temperaturas bajo cero y vientos que no son los de acá. Lo vieras a "el Pollo", el cámara, colgado en la puerta del helicóptero a 600 metros de la roca filosa, captando las imagenes. Incluso ellos debieron bajar caminando los ocho kilómetros porque no era seguro en helicóptero, por el viento. Y lo hicieron después de trabajar doce horas. El fotógrafo tiene 70 años y estuvo todo el tiempo a la par... Lo bautizamos "Cocoon"... Después de esas cosas, uno va con el equipo a cualquier lado. Confío en lo que sea después de haber vivido una situación límite como ésta.

—Y en su vida, ¿cuál fue la mayor situación límite que vivió?

—Muchas. Viví tantas situaciones límite como de felicidad absoluta, algunas buscadas y otras encontradas, porque un día la vida te sorprende con un cachetazo. Y vos decís, ¡pero, por Dios, no tengo ningún tipo de rienda sobre esto, la vida hace conmigo lo que quiere! Y, bienvenido sea, la vida hace lo que le viene en gana que a uno le ocurra. A veces son grandes caricias y otras, grandes cachetazos.

—¿Sufrió más cachetazos que caricias ?

—Conmigo la vida fue tremendamente generosa, porque siempre después de un gran cachetazo me dio un beso en la boca. Tengo más para agradecer y, sobre todo, seguir agradeciéndole a mis viejos, por la crianza que me dieron, y porque son ellos los que me han enseñado.

—Dicen que todos llevamos un niño dentro, ¿cómo lleva el suyo?

—No sé cuándo, tampoco sé si en algún momento de mi vida me daré cuenta de si llevo un adulto dentro...

—¿Cuál es la primera imagen que recuerda de su niñez?

—Bajarme de la cuna, y caminar al cuarto de los viejos, cuando ya tenía que dormir en mi cuarto. Recuerdo a mi viejo levantándose catorce veces de la cama para dejarme en la cuna, porque tenía que aprender a dormir solo, y me negaba. Sí, me acuerdo, patente.

Ya caminaba, así que debería de tener dos años... Recuerdo el camino que debía recorrer desde mi cuna a la cama de los viejos, y cuál era la decoración en ese momento. Una biblioteca, donde ahora hay un espejo. Y a esa edad ese trayecto era como recorrer veinte metros, que en realidad son cuatro.

—¿Era su papá el que lo llevaba otra vez a la cuna?

—Sí. Evidentemente, porque mi vieja estaba embarazada de la hermana que me sigue. ¿Te das cuenta?, me acuerdo patente como cuando aprendí a dormir solo. Recuerdo a toda mi familia aplaudiendo cuando fui corriendo con la novedad, y lo importante que fue para mí. Tengo memoria de elefante.

—¿Recuerda el día que nació su hermana?

—Sí, aunque de la menor no tengo registro. Llegó mi vieja a la quinta con el moisés, lo puso en la galería y todos nos acercamos a mirarla. No podía creer, una hermana, ¿cómo será? Era como guau, mirá, un lechón.

—¿Tenía celos?

—No, celos no. Pero el resto es para recordar de puertas para adentro.

Facundo resiste cuando el cenital se posa en la intimidad familiar. Sus padres, sus tres hermanas, y sus sobrinos ocupan un lugar de privilegio en su corazón, con un cerrojo infranqueable para la curiosidad ajena.

—A punto de convertirse en padre ¿cambió en algo su mirada sobre la familia?

—Es lindo poder darle a la familia el valor que realmente se merece, y homenajearlos, agradecerles mirándolos a los ojos. Bueno, tuve la posibilidad de agradecerles cosas tremendamente importantes. La figura de los mayores, en mi familia es lo más grande.

— Hablemos de su cotidianeidad. ¿Cómo son sus amaneceres? ¿De buen o mal humor?

—Tengo muy buen humor. A menos que tenga un motivo que me preocupe.

—¿Café, té, mate?

—Mate, mucho. El desayuno depende de muchas cosas, pero mate siempre.

—¿Jabón o gel de ducha?

—Jabón.

—¿Gimnasio?

—Sí. Lo necesario para sentirme bien y poder jugar con el personaje que me toca. Y entonces noto la diferencia entre un "Coraje" grandote y un flaco y desgarbado Ross Gardiner en "Visitando al señor Green". Voy tratando de construir los personajes también con el cuerpo . "Coraje", por ejemplo, era más grandote, pero Bautista, que es de esta época, está más marcado. Juego con el cuerpo en función de los personajes. Me divierte. En "Zíngara", en el 95, mi personaje Rudy se enfermaba, y bajé ocho kilos y me afeité la cabeza para contarlo mejor.

—¿Es decir que los tres kilos que bajó es gracias a un mix de alimentación y entrenamiento?

—Tiene que ver con el cambio en el entrenamiento y la cantidad de proteínas o de carbohidratos que consumo. Si tenés que subir de peso vas a comer más pastas (carbohidratos), si tenés que bajar de peso vas directamente a consumir carnes, pollo, pescado (proteínas).

—O sea que en este momento come pollo, pescado y carne.

—Pero sin obsesión, como verás puedo clavarme un tostado. El tema es el placer que es todo, no tanto el tiempo que estaremos acá.

—¿Qué lo saca de su centro?

—La falta de código.

—¿Música preferida?

—Mucha, depende del momento y el lugar. Los Rolling Stones, al palo, yendo a algún lugar; Claro de Luna para estar en casa, con un Tía María con hielo, Aerosmith en el auto...

—¿Lectura?

—No.

—¿Por falta de tiempo, o concentración?

—Ya tendré tiempo para eso, cuando el físico no me permita hacer las cosas que hago hoy. Entonces, me sentaré a leer.

—Cuando se desvela, ¿qué hace?

—No me desvelo, pero tengo que ir a la cama cuando se me agota la batería. Me gusta estar cansado y dormir. Eso es alucinante. Es muy “choto” no estar cansado y tener que dormir, porque mañana hay que levantarse temprano. Me divierte mucho eso de tratar de quedarme despierto cuando, en realidad, me estoy durmiendo. Y sé que hay mucha gente que sencillamente un día le ocurrió de casualidad, y lo disfrutan mucho, pero al día siguiente no lo repiten. En cambio, yo trato de buscarlo.

—¿Música o televisión encendida para dormirse?

—No, se apaga todo. Y trato de quedarme despierto en mis pensamientos, mis cosas, y de repente se me empiezan a cerrar los ojos. Tengo el testigo de la tele que tiene un láser rojo bermellón y me quedo mirándolo, y de repente veo que se me empieza a poner doble, o sea que me estoy yendo, que me estoy rindiendo...

—¿Sufre pesadillas?

— Sí.

—¿Alguna reincidente?

—No, siempre son distintas. Las vivo tan intensamente que dicen, bueno, ya lo hicimos, y desaparecen. Cuando una pesadillas vuelve es porque no las sufriste lo que las tenías que sufrir; yo sí, las sufro como loco, así que no vienen más.

—¿Cree en Dios?

—Profundamente.

—¿Reza?

—No todo como para llenarle el plato y Dios diga: “Basta, ya sé, ya sé”. Pero no es sólo pedir, también hay que agradecer, no rezo compulsivamente. Y tampoco podría decir que dialogo, porque Dios habla con acciones, no con palabras, así que no lo escucho pero lo veo, creo que tendríamos que imitarlo un poco más.

—¿Hay algo después de la muerte?

—No escuché a nadie quejándose por haber nacido. Y si la muerte llega bien, en el último ratito, el cuerpo tiene absoluta conciencia de todo lo que ocurre. El cuerpo te hace saber cuando tenés hambre, sed, se despierta cuando durmió lo suficiente. De la misma manera que hace todo eso, cómo podemos ser tan estúpidos de no saber que el cuerpo sabe cuando muere, entonces te prepara. Y no permitiría que sufras el hecho de morir; la muerte es un acto prodigioso de la vida, es tanto como el nacimiento, entonces el cuerpo se prepara para morir y, sencillamente muere. Y uno tiene demasiado rollo con eso, y aunque se aferre, muere igual, y cuando te soltaste ni la mejor noche de pasión se compara con el hecho de morir en paz.

—¿Cómo se prepara para el nacimiento de su hija?

—Con la misma intensidad con que te hablé, y con una felicidad desconocida, porque es algo que nunca me había ocurrido. Pero jamás hablo de lo que va a venir. Siempre de lo que vivo. Porque lo que vendrá es un milagro, cuando tenga el milagro en mis manos te cuento en qué consiste ese milagro.

—¿Siente ansiedad de tenerla en sus brazos?

—Hoy estoy disfrutando de los meses más especiales de mi vida. Después, a su momento y en cada día, disfrutaré... Porque si no uno siempre está pendiente de cosas para las que aún faltan seis años. Pará, disfrutá cada momento ahora.

—¿Imagina su carita?

—Hay respuesta absoluta, pero te aseguro que es algo que es tan íntimo que me da pudor hablar de eso.

—¿De su imaginación?

—No, es tan íntimo y tan personal que todo aquello que yo había cuidado toda mi vida ha quedado chico al lado de esto.

—Pero un hijo es una bendición.

—Sí, es una bendición, a punto tal que cualquier cosa que antes pensaba que era una bendición ahora es ínfima. Hoy entiendo un poco más qué es realmente la medida de lo que es una bendición; hay pequeñas bendiciones y grandes bendiciones, y nunca había vivido una bendición tan grande. Me gustaría hablar de algo que ya viví, no de lo que voy a vivir o de lo que imagino. Porque es tan íntimo, y tan sensible, que me lo quiero guardar hasta haberlo vivido. Y siendo tan caníbal la cosa como está hoy afuera, trato de no compartirla porque yo no voy a permitir que el tema se canibalice. Es el tiempo más corto y, a su vez, más largo de toda la vida, según cómo pienses en eso, que son los sesenta segundos de cada minuto. Y de repente son eternos, y de repente te preguntás cómo pudo pasar tan rápido. Y el cielo está más alto, y el verde es más verde, y el aire se respira mejor, y se mira más profundo, y yo sólo quiero vivir intensamente este milagro.

(fuente: CARAS)